15 de diciembre de 2007

El lenguaje coloquial del erotismo siempre es violento

LA LINGÜISTA IVONNE BORDELOIS BUSCA EL NUCLEO DEL LENGUAJE EN SU LIBRO "ETIMOLOGIA DE LAS PASIONES"

Poeta y lingüista, Ivonne Bordelois hizo la mayor parte de su carrera en el exterior. Ya jubilada y en la Argentina, su libro La palabra amenazada (2003) la convirtió en referente de una cruzada por el lenguaje. Allí criticaba la cultura comercial y masificante que transmite prejuicios sin delatarlos, que ejerce violencia sobre el impulso poético y vital de las palabras. Discípula de Noam Chomsky, Bordelois dice que, a esta altura de su vida, ni siquiera su formación académica le pone límites. Por eso se anima a defender ideas como la del origen onomatopéyico de muchos términos, como palabras que surgieron de algún sonido asociado a lo que nombran. Esto desafía la teoría de la arbitrariedad del signo lingüístico postulada por Saussure y por su propio maestro del MIT. Es en palabras primigenias, como "amor" o "mamá", donde encuentra un origen relacionado con el amamantamiento en distintas lenguas. Algo de eso trata su nuevo libro: Etimología de las pasiones.

En esa línea señala por ejemplo que en lenguas antiguas existía una relación entre la cólera y el deseo sexual. Y que "orgasmo" en inglés y en francés, además de "clímax sexual" significaba "ataque de cólera, violencia".

—¿Cuál es el origen de esta asociación que hoy parece no existir?

—En muchas lenguas esa conjunción se produce: la cólera asociada al deseo sexual. Eso estaba como encapsulado en una sola semilla y hay indicios de que sigue existiendo. El lenguaje coloquial del erotismo siempre es muy violento. Por ejemplo: "la volteé", "I knock her down"; son todas metáforas cruentas. En lenguas distintas aparecen, sobre todo para la mujer, metáforas muy humillantes. Hay algo que persiste en esa unión de la cólera y el Eros. Hay algo en esa lucha de gladiadores que esta presente en el lenguaje.

—Y en ciertos ámbitos, la agresión tomó connotaciones positivas; por ejemplo, "ser agresivo en los negocios".

—Si, pero en el español ser agresivo hasta hace poco era algo negativo. Cuando llegué a Estados Unidos, me impresionó que para recomendar a un candidato se dijera que era agresivo. Eso fue destilándose en el español desde el ingles. Hoy en día, tomar la iniciativa de una manera avasalladora se considera como apropiado para un hombre de negocios. Es algo típico de esta época.

—Los diccionarios son reveladores en cuestiones de género. Existe el "furor uterino" y no un equivalente para la violencia sexual del hombre.

—No se menciona a aquellos que van violando chicas por ahí, eso no tiene nombre. Se relaciona al hombre con lo racional y moderado, y a la mujer con el delirio, la manía y la histeria que tiene que ver con los ovarios. Actualmente el concepto de histeria está siendo reformulado, se considera que también es masculina, que su relación con los ovarios no existe. Da la impresión de que el lenguaje que hablamos viene de una sociedad matriarcal donde ideológicamente la mujer tenía más potencial sexual que el hombre. Esto se da vuelta cuando el patriarcado gana la batalla.

—Usted sostiene que muchas palabras se originaron en onomatopeyas, como "mamá", "amor", "love", todas relacionadas con la succión del amamantamiento...—

Yo no digo que sea todo onomatopeya, sino que hay un núcleo central que lo es. Cuando nace el hombre hablando, lo central es la onomatopeya, hablar por similitud con los sonidos producidos por los objetos que nombraba. Esto, con la expansión de la vida cultural, va perdiendo esa fuerza expresiva. El núcleo central es onomatopéyico y creo que habría que estudiar hasta dónde llega ese núcleo. En su origen los signos eran fuego, rayo, cuidado, animal, pantera, león. Tenían que ser cosas que protegían la vida, daban alimento, recordaban a la familia. Esto es una hipótesis.

—Es una hipótesis que va a contrapelo de los principios de la lingüística.

—Sí. Pero hay mucha gente que la ha defendido. Es que si uno olvida eso, no se tiene en cuenta algo muy central, es como estudiar al hombre y no reparar en que pasa nueve meses en el vientre de su madre. Es una hipótesis iluminista.

Alejandra Rodríguez Ballester
ESPECIAL PARA CLARIN

14 de diciembre de 2007

¿El español de Colombia es el mejor?

Daniel Samper se da a la tarea de responder a esta inquietud

La Feria del Libro de Guadalajara, que acaba de celebrarse en México, tuvo a Colombia como invitado especial; una de sus curiosidades se refiere a nuestro dominio del castellano.

Muy a menudo a los colombianos nos preguntan: "¿Es verdad que ustedes hablan el mejor español del mundo?" Fue, exactamente, el interrogante que me lanzó una revista mexicana a raíz de que Colombia fue el país invitado a la Feria Internacional del Libro que se celebró entre el 24 de noviembre y el 2 de diciembre.Le expliqué a la revista que las respuestas posibles se clasifican en tres escuelas:1) La escuela narcicista, que contesta de manera desvergonzada "sí, es verdad". Resulta aconsejable que quienes optan por tan tajante y soberana afirmación procuren ser breves, porque podrían enredarse en las faldas de su propia respuesta. Sé de un antiguo ministro algo pomposo que, enseguida de aceptar con fruición el aserto, agregó que ello se debía en buena parte a la labor educativa de su gobierno, pues antes "hubieron otros que no se preocuparon tanto por el buen uso del español".2) La escuela de la modesta flor, que niega con sonrojo la pregunta, pues profesa normas de cortesía que impiden aceptar la alabanza en causa propia.3) La escuela ecléctica, que parece decir que no, pero dice que sí. Yo pertenezco a esta última. Al oír la pregunta, amago con sorprenderme, finjo un poco de embarazo y ofrezco por todo comentario una sonrisa que pretende ser humilde. Pero que en ningún momento niega el contenido del interrogante.En realidad, la mejor respuesta la dio hace años José Antonio León Rey, el profesor colombiano que fue delegado por América Latina ante sus colegas de la Real Academia de la Lengua Española.-Yo no sé si los colombianos somos quienes mejor castellano hablamos - dijo el maestro León Rey¿, pero seguramente somos quienes más amamos esta lengua".Ahí les dejo esa lápida.

* * *

Afincado en ella, planteo la próxima pregunta: "¿Por qué razón se dice que somos quienes mejor uso hacemos del español?".Lo primero que se me ocurre es la Ley del Estereotipo. Basta con que eches a rodar un lugar común, para que la gente adhiera a él. Algunos, inclusive, consideran que parte de la sabiduría corriente en materia filológica consiste en afirmar que los colombianos dominamos la lengua de Cervantes mejor que nadie. Benditos sean. Déjenlos que lo piensen y déjenlos que lo afirmen. Llevamos a cuestas los colombianos tantos estereotipos ignominiosos, que se agradece infinitamente este solitario sambenito favorable. (En este punto, el ciudadano colombiano digno se encrespa y afirma que "no existe un sambenito favorable, pues todo sambenito es necesariamente peyorativo y difamatorio"... Surge entonces una interminable polémica que nos contagia a todos).Pero sucede que yo no soy un ciudadano colombiano digno, sino un miembro, ni más ni menos, de la Academia Colombiana de la Lengua, así que debo seguir mi camino y explorar el tema que nos ocupa. Sí: ¿por qué diablos se dice que hablamos el español más puro?Respondo: "No lo sé". Y añado: "Pero trataré de averiguarlo".

* * *

¿Será, acaso, porque era colombiano don Rufino José Cuervo (1844-1911), que emprendió, con la única ayuda de su hermano, la preparación del homérico Diccionario de construcción y régimen, portentosa hazaña desarrollada en ocho volúmenes y 9.536 páginas? Don Rufino consumió en este tratado los últimos cuarenta años de su vida, pero solo alcanzó hasta la letra D. Se necesitaron ochenta y tres años y cincuenta filólogos más para llegar a la Z.¿Por ventura debemos esa fama a don Ezequiel Uricoechea (1834-1880), lingüista bogotano que, después de publicar numerosos ensayos sobre el español, fue profesor de lenguas orientales en universidades europeas, tradujo al francés una gramática árabe y murió en Beirut cuando se dirigía a estudiar la parla de las tribus del desierto?Es posible que hayamos ganado el honroso prestigio por cuenta de don Miguel Antonio Caro (1843-1909), que, sin haber salido de Bogotá, traducía a los clásicos latinos y griegos y escribía a mediados del siglo XIX esponjosos tratados gramaticales sobre estas dos lenguas arcaicas que solo usaban eruditos como él; o al general Rafael Uribe Uribe (1859-1914), inspirador del coronel Aureliano Buendía garciamarquiano, que, en medio de una de las muchas guerras civiles que libró, robó tiempo a la pólvora para escribir un Diccionario abreviado de galicismos de 376 páginas; o quizás a don José Manuel Marroquín (1827-1908), poeta festivo y pésimo presidente de la República, que perdió la soberanía sobre Panamá pero nos dejó un encantador tratado de ortografía en verso y unas lecciones de retórica y poética que siguen siendo consulta obligada de especialistas. O a lo mejor conquistamos la indestructible fama por haber fundado la primera Academia de la Lengua en América, por la profusión y el éxito de las columnas de prensa sobre asuntos de lenguaje que se publican en el país o por ser patria de un Premio Nobel al que muchos equiparan con Cervantes...

* * *

Más que analizar las virtudes del español que se habla en Colombia, Malcolm Deas, catedrático de Oxford que nos ha estudiado con curiosidad de amoroso entomólogo, se interesa por lo que denomina "la obsesión nacional filológico-gramatical". Según él, en Colombia "el dominio del idioma llegó a ser, y lo fue durante mucho tiempo, elemento del poder político". A juzgar por la manera como hoy se expresan muchos políticos, ya no lo es. Y a juzgar por cosas que uno escucha en la calle, lee en la prensa, oye en la radio y la televisión, ese dominio del idioma resulta cada vez menos evidente.Pero el orgullo y el prestigio nos siguen acompañando, y Dios quiera que así se mantenga durante mucho tiempo. Porque algo debe de haber en el fondo, un celo extraño que a muchos colombianos nos impele a proteger el español como si los demás que lo hablan atentaran contra él.Quizás es cuestión de idiosincracia. Nos enseñan los corridos que el mexicano está dispuesto a matar por una mujer. El colombiano, solo si aparece escrita con g.

13 de diciembre de 2007

La mexicanísima palabra


En su vigésimosegunda edición, la de 2001, el académico Diccionario de la Lengua Española trae un verbo mexicanísimo: “chingar”, y lo cargan con las siguientes responsabilidades o culpas entre picaronas e inocentes, entre precisas y vagarosas:

chingar. (Del caló čingarár, pelear). tr. Importunar, molestar. 2. malson. Practicar el coito. 3. coloq. Beber con frecuencia vino o licores. 4. Am. Cen. Cortar el rabo a un animal. 5. intr. Can. salpicar. 6. Pal. tintinar. 7. Arg. y Ur. Colgar desparejamente el orillo de una prenda. 8. prnl. embriagarse. 9. Can., Arg., Bol., Chile y Col. No acertar, fracasar, frustrarse, fallar. ~la. fr. coloq. Arg. Equivocarse, fracasar.

Tú, lector astuto, intrépido detective de la lengua desde que en la niñez de perverso polimorfo (Sigmund Freud dixit) incursionabas en los diccionarios en busca de las palabras prohibidas por los mayores para mayor fascinación de los precoces niños procaces, sabes ahora que las citadas acepciones académicas 1ª, 2ª y 9ª de la palabra acaso más frecuentada por labios léperos de México pueden ser documentadas por tres correspondientes ejemplos: (1) cuando en los comienzos de una bronca en cualquier salón-cantina se oye a uno de dos habitués discutidores decir irritadamente al otro que lo importuna: “¡No me estés chingando”; (2) cuando, acaso en el mismo lugar de alcoholes turbios y comunicativos, se oye decir a un contertulio con presunciones donjuanísticas: “A esa señora pirrurris ya yo me la chingué”; y (3) cuando, posiblemente en el mismo sitio de las civiles libaciones, alguien termina el relato de una severa frustración crematística: “…Y entonces, ¡chin!, que se me chinga el negocito.”

Ítem más: en otra entrada, que también, como suele suceder, es una salida, el mencionado lexicón (que no es una palabra mala, sino otro modo elegantemente pedantesco de decir diccionario) incluye “chingada”, voz derivada del verbo ya mencionado, y así la ilustra:

chingado, da. malson. Méx. U. para expresar sorpresa o protesta. a la ~. loc. adv. malson. El Salv. y Méx. a paseo. Me mandó a la chingada. ¡Váyase a la chingada! de la ~. loc. adj. malson. Méx. pésimo. U. t. c. loc. adv. V. hijo de la ~.

Dejando aparte la académica si bien candorosa ilusión de que, en México y en la hermana República del Salvador, mandar a alguien “a la chingada” sería lo mismo que meramente enviarlo a pasear por extraviados y malolientes rumbos cuyo solo callejerío fuese canalla, yo he aplaudido en un lejano texto de ocasión que los lexicólogos oficiales registrasen esas tan emblemáticas palabritas con sus implicaciones mexicanísimas. Y ahora, cuando, saltando de página en página del libro Calligrammes, de 1918, releía al poeta francés de la modernité, Guillaume Apollinaire (1880-1918), me fue grato encontrar que en su poema “Lettre-Océan” (es decir “carta ultramarina”) incluyera él la palabra ésa, dispuesta en una irregular columna de sílabas y tipográficamente incorrecta (la sola C sin la H, que es la que da sabor al caldo):

Ilappelaitl’IndienHijodelaCingada.

Es decir: “Él llamaba al Indio Hijo de la Cingada” (sic).

Hay además en ese mismo caligrama otras voces mexicanas o que conciernen a México: República Mexicana, Ipiranga (el barco que se llevó a Don Porfirio), Coatzacoalcos, Chapultepec, chirimoya, pendeco (que debe ser pendejo, pues la acompaña la aclaración: “es más que imbécil”), etc.

¿Apollinaire, como el “Aduanero” Rousseau, presumía de haber estado en México? No, pues nunca traspasó fronteras europeas, pero quizá se interesaba en este país desde que el pintor naïf Rousseau (que quizá tampoco había estado por aquí) le contaba de la flora y la fauna mexicanas y del “rubio emperador que allá fusilaron”. Además en tiempos de la presidencia de Madero y del golpe huertista tenía Guillaume en la capital mexicana un hermano, Albert (Kostrowitzky, verdadero apellido de los dos), al parecer empleado en un banco extranjero, que le enviaba cartas con curiosidades lingüísticas y folclóricas del país o sucesos históricos en vivo: la “Decena Trágica”, la situación de los ciudadanos franceses en aquellos momentos, la huida ferroviaria del “bardo Urueta” disfrazado de señora, etc. Sin duda México resultaba extraño, pintoresco y fascinante para el poeta-cronista, que podía decir algo como esto: “Albert es la extensión de mi mirada en México”, y metió esas mexicanerías tanto en algunas de sus crónicas del Mercure de France como en uno de sus más vanguardistas y bellos poemas, en el cual la frase “hijo de la chingada”, entre los versos franceses y con el susurro agresivo de su Ch (aunque descuidadamente ortografiada en mera C), fulgura como un violento, un refinado, un lírico escupitajo de líquida plata.

Diario infinitesimal

Los apretados infiernos


En la obra de Marlowe, Fausto interroga a Mefistófeles y le pregunta cómo va a regresar al infierno, de donde supone que ha salido.

–¿No sabes dónde está el infierno? –se sorprende el demonio–. No, no tengo que regresar, no he salido del infierno, el infierno está aquí donde estamos tú y yo.

El infierno es la tierra. No obstante esta localización, es sorprendente la unanimidad en la estimación de que después de la muerte el alma emprende un viaje. Metáforas espaciales, un viaje, siempre un viaje (pese a que, me parece, no tiene sentido muy claro situar en el espacio lo que no es material). Como sea, el alma siempre vuela o navega a las moradas de ultratumba; no he leído que se desplace, por ejemplo, a lomos de burro inmaterial. Parece más propio que el alma flote o se deslice.

Ciertamente, no todos están de acuerdo sobre la localización del infierno. El eminente crítico alemán Hans Mayer, parte, como Benjamin, del marxismo bueno, antiestalinista, escribe en su tan útil e iluminador libro de chismes y comentarios sobre Bert Brecht lo siguiente: “En uno de los últimos poemas que escribió en Hollywood, Brecht transcribe un poema del poeta romántico inglés Shelley, que, hacia 1820, había pretendido que la sede del infierno se encontraba en Londres. Brecht corrigió amablemente a su colega y dijo que Londres no era el infierno, que el infierno era Hollywood.”

Común es la vociferación contra Hollywood, el gordo W.C. Fields aseguró que había sufrido un ataque de delírium trémens, pero que, como vivía en Hollywood, no se había podido dar cuenta de su estado. Hablamos con encono o resentimiento, pero nos encantan sus películas y viejos mitos.

Un infierno menor es este en que gime la ciudad de México: ya no queda ninguna librería que expenda libros en francés (un millón de títulos por año se imprimen en esa lengua). Había una deliciosa en Reforma, cerca del Caballito. Tampoco hay ninguna librería, surtida, que expenda libros en inglés; antes se alzaba cerca del Monumento a la Madre la benemérita Librería Británica, de ilustre y gratísima memoria. Y ya en plan de queja tampoco hay Asociación Daniel.

El desierto está creciendo entre nosotros...

Otra cosa en vez de tanta queja. Escribe Chuang Tzu (14,10): “Confucio, vuelto de su entrevista con Lao Tan, guardó silencio tres días enteros. A sus discípulos que le preguntaban qué consejos para regular su vida había dado a Lao Tan, les respondió: ‘hoy he visto al dragón enroscarse sobre sí y, desplegándose, ostentar su magnificencia, montar sobre las nubes y nutrirse de los dos elementos, Yin y Yang. He quedado con la boca abierta y no la puedo cerrar. ¿Qué consejos o reglas de vida podía dar yo a Lao Tan?’”

Más de dos mil años después, el gran Wittgenstein, joven entonces, fue a ver a Frege, el maestro fundador de la lógica moderna; quería exponerle sus pensamientos en la materia. A su regreso le preguntaron cómo le había ido. “Frege trapeó conmigo el piso”, respondió escueto Wittgenstein.
Y retórica más, retórica menos, ésta y la china son la misma escena.

7 de diciembre de 2007

Entérese del origen y significado de las palabras: hamburguesa, jeep y el famoso O.K.

Para que vean de dónde salen muchas palabras que nos permiten fabricar este tipo de frases aunque no hablemos inglés, va la segunda entrega de orígenes de términos prestados de ese idioma. ¿Okay?

Hamburguesa. Pese a que puede pensarse que no hay nada más norteamericano que la hamburguesa, este emparedado de carne molida y otros productos no es gringo sino alemán. De hecho, el nombre rinde homenaje a su ciudad natal, Hamburgo, lugar que se lleva el mérito de moler carne, darle forma de arepa y freírla o asarla. Ahora bien, el Diccionario de la lengua española sí da el crédito de la palabra al inglés norteamericano.

Jeep. La versión más sólida que conozco sobre la etimología de la palabra para este tipo de automóviles que en español se denominan "camperos" es muy simpática. Los militares norteamericanos de finales de la década de los treinta llamaban carros G.P. a todos los que servían para "propósitos generales" (General Purpose). Tales iniciales se pronuncian yi/pi, de manera muy similar en inglés a la de Jeep, personaje de una tira cómica de E.C. Seger, el mismo autor de Popeye. Eugene the Jeep nació en 1936 y los militares relacionaron su nombre con el de los vehículos, de manera que la palabra creció como si hubiera comido espinacas. Finalmente la empresa Willys-Overland Motors registró el nombre en 1940. No figura en el DRAE, pero sí en el Panhispánico. En este tratado, como dije en la pasada edición de esta columna, aconsejan que se escriba "yip".

Nerd o nerdo. Los académicos no le han dado el visto bueno a este vocablo, ni se conoce en muchos países de habla hispana, pero figura en el diccionario de los jóvenes colombianos como una importación de la palabra inglesa "nerd", que designa al típico estudioso que sufre problemas para relacionarse con los demás. Según el investigador de etimologías inglesas Evan Morris, seguramente proviene del libro If I Ran the Zoo, de Theodor Geisel (también conocido como Dr. Seuss), donde un personaje la pronuncia, más con la intención de formar una rima sin sentido, que para darle el significado que hoy tiene. Quizá un nerd nos puede ofrecer más información sobre este término.

O.K. Dejé esta palabra para el final porque su etimología levanta ampolla. Conozco varias versiones de su origen y la que más me convence es la siguiente: en las décadas de 1830 y 1840 en Estados Unidos corrió la moda de usar iniciales que, en muchas ocasiones, eran modificadas para lograr mayor impacto o humor. (NG era "no go"; SP, "small potatoes"; OFM, "our first men"). La mayoría de ellas tuvieron una vida corta. No así O.K., que significaba "oll correct", una modificación de "all correct" (Todo correcto). La primera vez que apareció impresa fue en marzo de 1839, en Boston, pero recibió poderoso impulso en 1840, cuando los seguidores de un político demócrata llamado Martin Van Buren la adoptaron como nombre de su grupo político. A simple vista OK no tiene nada que ver con el personaje, pero se apoyaron en su lugar de origen, Kinderhook, localidad de Nueva York, para darle lógica. Así, dotaron de doble sentido la sigla: OK significaba, para ellos, "Old Kinderhook" (Viejo Kinderhook). El lema tomó vuelo. Los detractores del político siguieron el juego: dijeron, por ejemplo, que quería decir "Out of Kredit" y "Out of Klothes" (sin krédito, sin ropa). Editorialistas de periódicos y publicistas no se quedaron atrás y proporcionaron otras interpretaciones, como "Often Kontradicted" (Contradicho a menudo) y "Oll killed" (Todos asesinados). Estas fueron vitaminas para la sigla, cuya popularidad creció, se independizó y siguió su camino. Hoy es quizá una de las expresiones más globalizadas del mundo, aunque no tiene luz verde en los diccionarios oficiales de español.

Por SOLEDAD MOLINER

2 de diciembre de 2007

La palabra mexicana 'chingar' revolucionó la Feria del Libro de Guadalajara (FIL)

Sus mil usos y acepciones se metieron en el bolsillo a más de 2.000 jóvenes, convocados por la Fundación del Español Urgente (Fundéu) de México.

Fueron ellos, los que se dicen más "chingones", quienes celebraron el pasado viernes cada uno de los chistes que cruzaron el Auditorio Juan Rulfo de la FIL, acostumbrado al discurso literario elevado, pero hoy más cerca del mundo terrenal gracias al verbo "chingar".

El término es intraducible, cuesta años dominarlo y estimula la imaginación de quien lo escucha por sus múltiples acepciones, casi infinitas.

Hasta hoy los académicos lo usaban con cierto recelo, pero esta mañana, a "chingadazos", los organizadores del encuentro "¿Cómo chingados se usa el español?" lograron lo que se pretendía: entusiasmar a los jóvenes con el español.

Al mexicano Carlos Loret de Mola, periodista de Radio Fórmula y Televisa, le echó en cara una persona que cada mañana en su noticiero, pida que la gente le mande imágenes curiosas "con un teléfono, con una cámara o con lo que sea".

"Se le acabó el sinfín"

Yo he tratado de hacerlo con zapatos y plátanos, pero me es imposible", explicó quien preguntaba, a lo que Loret le contestó a la española y sonriendo: "¡Hombre, no seas tan radical!".

Luego se quitó el zapato para tomarle una foto a quien lo puso en evidencia.

El colombiano Daniel Samper Pizano, que se presentó como académico "por error" de la lengua en Colombia, contó cómo una vez alguien trató de buscarle las cosquillas reprochándole su forma de expresarse.

"Yo creo que el lenguaje es lo mismo que el amor: no pido pureza sino higiene", contestó a su interlocutor.


A Alex Grijelmo, presidente de la agencia de noticias Efe y vicepresidente de la Fundéu España, le presentaron como hincha del Real Madrid y se vengó a su manera de la concurrencia usando términos como "molar", "joder", "manguis" (ladrona) o "ratera", con los que están poco familiarizados los "chingones" mexicanos.


El escritor mexicano Juan Villoro se atribuyó la popularización de la palabra "súper" (supermercado), que aparece en el Diccionario Panhispanico de Dudas, y narró una anécdota que le dejó helado: una vez un mecánico que examinaba su coche le explicó que éste se había parado porque "se le acabó el sinfín".

Las preguntas pusieron fin a una de las sesiones más desenfadadas en las últimas ediciones de la FIL, la mayor feria del mundo en español que tiene entre sus prioridades buscar lectores ganándose, con actos como el del viernes, al público joven e irreverente.

"Para qué sirve el idioma", según Samper

El español sirve para insultar con contundencia: "Vete al carajo, güey".

Sirve para que nos entretengamos con las diferencias al usar varias palabras según la región donde nos encontremos: pantaletas, cucos, bragas, bombachas.

Sirve para leer en sus originales, con su música interior, que a veces no se puede traducir, a Quevedo, Lope, Góngora, Sor Juana Inés de la Cruz, Juan de Castellanos, Garcilazo, Calderón, Martí, Darío, Vallejo, Hernández, el otro Hernández y... el otro Hernández, García Lorca... (campanazo de Villoro)... Neruda, Rulfo, Paz, Cortázar, Borges, Sábato, Lezama Lima (campanazo doble de Villoro)...y, finalmente, a García Márquez, Cervantes y Juan Villoro.

Para poner "chingados" en el título de esta charla, y ver que gracias a esa mágica palabra se llena de gente este "chingado" salón, a sabiendas de que si se hubiera denominado 'El presente y futuro de la sintaxis y la lexicografía del idioma', los académicos presentes nos hubiéramos quedado "chingadamente" solos.

GUADALAJARA (Efe)

1 de diciembre de 2007

Navidad en el Arte

Un libro para NAVIDAD

¿Quién se encontraba en el pesebre esa primera Navidad? Algunos dicen que era un gran líder moral. Otros un crítico social. Incluso hay quienes piensan de Jesús como un profundo filósofo, un rabino, un feminista, un profeta y más. Muchos están convencidos de que era el divino Hijo de Dios.

¿Quién fue él en realidad Jesús y cómo podemos estar seguros?

Strobel consulta a expertos de la Biblia, arqueólogos y a las profecías mesiánicas buscando la verdadera identidad del niño en el pesebre. Acompáñelo mientras él cuestiona las duras y certeras preguntas que usted puede esperar de un periodista legal condecorado. Si Jesús en realidad fue Dios en carne propia, entonces debe existir evidencia creíble, incluyendo:

Evidencia de testigos oculares: ¿Se puede confiar en las biografías de Jesús?
Evidencia científica:: ¿Qué revela la arqueología?
Evidencia de perfil:: ¿Jesús satisfizo los atributos de Dios?
Evidencia de huellas dactilares:: ¿Acaso Jesús correspondió de
manera única con la identidad del Mesías?

El caso de la Navidad lo invita a considerar porque la Navidad importa en primer termino. En algún lugar más allá de las tradiciones de las fiestas descansa la verdad. Puede que sea más convincente de lo que usted se ha imaginado.
Pondere los hechos... y decida por si mismo.

El nacimiento de las posadas navideñas

El festejo se realiza del 16 al 24 de diciembre, tiempo durante el cual se representa simbólicamente el peregrinar de José y María.


Las posadas se celebran desde hace 398 años, justo nueve días antes de la Navidad.


El festejo se realiza del 16 al 24 de diciembre, tiempo durante el cual se representa simbólicamente el peregrinar de José y María.


A su salida de Nazaret, culminando en la Nochebuena con el nacimiento del niño Jesús.


Amenizadas con letanías que se vuelven cánticos, las posadas reaniman el espíritu religioso de los participantes, cómo olvidar esos momentos, los peregrinos, las oraciones, la procesión, las piñatas, el ponche, la fruta, pero sobre todo la emoción, alegría y amistad que se respira durante este tiempo.


Dichas fiestas de fin de año tienen su origen más allá de la época colonial, cuando los indígenas festejaban durante el invierno o Panquetzaliztli, el advenimiento de Huitzilopochtli, Dios de la Guerra.


En un esfuerzo de evangelización los religiosos agustinos, sustituyeron la imagen de Huitzilopochtli por la de José y María.


En sus inicios estos festejos no fueron como los conocemos ahora, primeramente se les llamó "fiestas de aguinaldo" y consistían en la proclamación de la misa intercalada con pasajes y escenas alusivas a la Navidad.


Como atractivo se daban pequeños regalos a los indios que participaban, además se incluían piñatas, luces de bengala, cohetes y cantos populares.


En varias poblaciones las posadas se celebran en las calles las cuales previamente se adornan con hilos de heno y faroles.


Y en otras muchas poblaciones se sustituyen los tradicionales peregrinos de barro por elementos vivos, causando mayor emotividad entre los asistentes.


No existe templo, parroquia o capilla por pequeña que sea que durante el período del 16 de Diciembre al 6 de Enero, que no levante un nacimiento en ocasiones con verdaderas joyas escultóricas o figuras de barro realizadas en Tonalá o Tlaquepaque y celebren las posadas con cantos religiosos, guijolas, panderos, triángulos, etc., para crear mayor alegría en los asistentes.


En 1541 fray Toribio de Motolinía escribe sus memoriales, donde narra que en Tlaxcala para las celebraciones navideñas, los indígenas adornaban las iglesias con flores y hierbas, esparcían juncia en el piso, hacían su entrada bailando y cantando y cada uno llevaba un ramo de flores en la mano.


En los patios se encendían fogatas y en las azoteas se quemaban teas(trozos de madera para alumbrar, la gente cantaba y tocaba tambores y hacía repicar las campanas.


Todos oían misa, los que no cabían en el interior del templo se quedaban en los atrios, pero igual se arrodillaban y se persignaban.


Para el día de la Epifanía traían la estrella desde lejos, tirando de un cordel; delante de la imagen de la Virgen y del Niño Dios ofrecían velas e incienso, palomas y codornices que habían recogido para la ocasión.


Durante el tercer decenio del siglo XVI, fray Andrés de Olmos compuso el "Auto de la Adoración de los Reyes Magos" que seguramente es el drama religioso que reseña Motolinía, diciendo: y algunos años representaban el auto de ofrecimiento.


También se festejaba, la Candelaria. En esta celebración se llevaban a bendecir las ceras que se habían usado en procesiones y las guardaban para ofrecer con motivo de enfermedades y catástrofes naturales.


Así se celebraba la Navidad durante los primeros tiempos de la cristianización, que Huitzilopochtli ya había quedado en el olvido.


La inteligencia de los evangelizadores de utilizar los medios indígenas para solemnizar los actos religiosos como son las flores, las ofrendas, los cantos, la música y las danzas, había hecho posible que rápidamente se aceptara la nueva religión, la cual se presentaba con ritos que eran familiares a los recién convertidos.


En las reseñas de Motolinía se encuentran elementos que siguen hasta la fecha en la Navidad mexicana: los cantos, las luces y es posible que el "Auto de la Adoración de los Reyes Magos", sea lo que dio origen posteriormente a las pastorelas.


Lo demás que hoy en día componen las celebraciones de fin de año se fue incorporando paulatinamente, hasta llegar a tener festividades de marcados rasgos mexicanos.

CARTA DE NAVIDAD PARA ...


UN POETAQUE ESCRIBÍA VERSOS EN SU REBOTICA

(En memoria de Federico Muelas)


Estás ahí ¿verdad?
Seguro que llegaste con tus brazos sin límites
zarandeando pétalos al aire.
Y sin dejar de hablar: con tu fluyente
río de rebotica en la garganta.
Sí, sé que estás ahí.
Cultivando laureles para frentes
denodadas, incógnitas y humildes.
Aleando con oro las últimas preguntas
que le ponen pimienta a la saliva
con divina sustancia de los hombres.
Sé que estás en un cielo de rimas consonantes,
lidiando en verso libre la estatura
sin perfil de los ángeles.
Reuniendo en gavillas los recuerdos
de las voces concordes de los monjes,
que unidas al rumor hondo del Huécar
oías por la tarde
desde tu hocino sosegado vecino a Shangri-Lá.
Sé que te desmelenas todavía
con el clamor de un viento endecasílabo
-viajero por veletas de plata y lapislázuli
- y amasas las palabras en paladar sonoro,
cociendo pan de cánticos en el horno encendido
de tu glorioso corazón que siembra
campanas en el aire.


Hoy habrás elegido por extensas praderas
aromas de tomillo y de romero,
de espliego, camomila y yerbabuena;
flores de ajonjolí,
salvia real, caléndula y retama;
y habrás seleccionado los más puros sonidos
de caramillos y zambombas,
pues celebráis ahí la Nochebuena.
Tú, como hacías aquí abajo,
levantarás tu tenderete
de las maravillosas baratijas diarias
con amorosas manos delante del Portal.
Cuéntame, Federico
si en el belén del cielo hay un espejo
para mirarse el alma navegando en los ríos
que terminaron en el mar más alto.
Cuéntame si te cruzas
con ovejas brillantes como nubes,
en pastizales del amor nutridas;
si los pastores llevan sin heridas el barro
transido de sus lágrimas;
si la Posada tiene siempre abierta la puerta
para albergar los sueños y los amaneceres;
si las estrellas aprendieron
a remediar los largos fríos de tantas noches,
y prenden sus hogueras en albricias y azúcar
para olvidar la pena con mazapán de almendras
y aguardiente con fresas, arándanos y guindas.
Y, sobre todo, déjame que escuche
la nueva luz que en tu silencio crece.
Si supiste sacarle a tu pandero
terrenal tantas notas celestes inventadas
cuando aquí te ponías de rodillas
para escribir, ahora que estás viendo
con los ojos cerrados
cómo la medianoche se engalana de aurora,
qué callada ternura te ha cedido tu voz
para hacer del asombro tu mejor villancico.

Algo de la época navideña

Villancico de las cinco letras





Aquí llegan, Niño,
las cinco vocales,
sencillas y claras
como unos pañales.


De tanto mirarte,
de tanto admirar,
con la boca abierta
se queda la a.


Para que le vuelvas
tus ojos, la e
desde su ventana
te tira un clavel.


Porque quiere siempre
mirar hacia Ti,
su punto redondo
te entrega la i.

Nunca como ahora
le dolió a la o
que su forma sea
para decir no.


De rodillas pide
llenar de tu luz
su pequeño cuenco
vacío la u.


Escucha, Cordero;
las cinco vocales
te ofrecen los niños
su voz en pañales.