20 de junio de 2011

Golpeada y hundida, la ortografía mutó a la horror-grafía

En algún lugar de La Mancha, se respetaba y promovía la buena ortografía.


Los dictados eran frecuentes. Los profesores bajaban las calificaciones en los exámenes donde hubiera palabras mal escritas. Del colegio, los alumnos se graduaban con una ortografía más que decente y aquellos que se aventuraban a las carreras de letras, presumían del buen uso del idioma. Para trabajar en un diario, la ortografía del periodista debía ser impecable.


Pero eso era ayer. Hoy es vergonzoso. Mañana será 'dzastroso'*.

Los resultados de las pruebas de ortografía de los universitarios que quieren hacer sus prácticas en algún medio de comunicación son desoladores. Sobre un máximo puntaje de 50, el promedio de las notas ronda entre los 20 y 23 puntos. Por debajo de 20 es común y ver un 26 o 27 es motivo para celebrar. Y así estamos.
Entre idiosincracia o idiosincrasia, la mayoría se identifica con la primera. Ante la opción de avalanzó o abalanzó, se abalanzan sobre la escrita con v. A escoger entre decisión o desisión, se deciden por la segunda. Un "a ver" o "haber" genera tanta confusión como el rojo y el verde a un daltónico.

Y no faltan los que no se dan cuenta de uno de los horrores más grandes que contiene una prueba con fallos que deben ser corregidos. Después de la pregunta cómo estás, la respuesta dice "hay voy". Muchos la dejan así. Deberían tacharla y poner "ahí voy".

Los defensores del español se han convertido en hidalgos quijotes. Ver a los correctores de estilo o editores luchando contra la mala ortografía es como contemplar, con una mezcla de nostalgia y ternura, al célebre héroe de Cervantes galopar contra los molinos de viento. Ya todos sabemos cómo acabó eso.

El acelerado desmoronamiento de la buena ortografía es culpa de todos, pero los colegios son los que cargan con la mayor responsabilidad. ¿Con qué rigurosidad enseñan los profesores? ¿Por qué se gradúan los estudiantes que atropellan permanentemente el idioma? ¿Por qué las carreras de comunicación social aceptan a alumnos que no saben escribir bien? ¿Y por qué los medios abren sus puertas a practicantes con ortografía mediocre?

Puede que la ortografía, el escribir bien, sea secundario para un matemático, un físico, un banquero o tantos otros profesionales que no requieren del idioma para destacarse.

Para ganar plata no importa si el vicepresidente de un banco escribe transacción o transaxión, pero seguro le exigen tener un conocimiento sólido de economía y de mercados. Con los periodistas y escritores, defensores del idioma, debería pasar lo mismo, tendríamos que exigirles un impecable español escrito.

Reconforta ver que aún llegan centenares de reclamos por palabras mal escritas. Ello quiere decir que sigue existiendo un mercado que valora y defiende el idioma. De hecho, en Twitter, @tefa_ (#aprendiendoconlatefa) es una permanente correctora de los atropellos que se ven por esa red social. Sin embargo, como les ocurre a tantos otros que luchan por la ortografía, su tono de corrección es a veces tan soberbio, que pareciera que su ejercicio, más que educar, busca una sádica satisfacción de humillar al infractor idiomático.

También hay en esa red social unos hashtags (palabras clave) que debaten sobre el idioma, como #AmableRecorderis y #EspañolGourmet. No deben ser los únicos.

Pero seamos realistas, cada vez son menos los interesados en este debate. Si ya ni importa que ministros, presidentes del Senado o inclusive ex presidentes maltraten el idioma, qué les vamos a exigir a los futuros comunicadores sociales.

*Por si la ironía no era clara, la forma correcta es desastroso.

Nota del autor: Este artículo fue sometido a una estricta revisión por parte de los correctores de estilo de EL TIEMPO. Los errores que me detectaron, corregidos ya en el texto, fueron los siguientes:

-'Quijote', en el sentido en que se usa en el escrito, es un sustantivo común y debe escribirse en minúsculas.- Es redundante decir "galopar sobre su caballo".
- "Gradúan" es con tilde en la 'u', por aquello del hiato.

- "... tantas otras profesiones...". Mejor sería decir "tantos otros profesionales" para preservar la unidad de conceptos, impuesta por la sucesión previa.

- En las siguientes frases, hay un error común de concordancia, que es el de usar en singular el pronombre 'le' cuando el complemento con el cual se coordina está en plural: "Sin embargo, como le ocurre a tantos otros que luchan por la buena ortografía...". Según la regla de concordancia, debió haberse escrito "... como LES ocurre A TANTOS OTROS...". Lo mismo vale para "... qué le vamos a exigir a los futuros comunicadores". Es "... qué LES vamos a exigir a LOS FUTUROS COMUNICADORES...".

Publicado por: DIEGO A. SANTOS
Editor Jefe ELTIEMPO.COM
diesan@eltiempo.com
Twitter: @diegoasantos

25 de abril de 2011

12 de abril de 2011

El Diccionario del Español en México se presentó en Puebla







Se presentó el Diccionario del Español de México de Luis Fernando Lara, en el Paraninfo del Edificio Carolino, una obra descriptiva que en dos volúmenes presenta el vocabulario común usado por los mexicanos y genera aportes significativos a la lengua.



A invitación del grupo organizador de las “Jornadas de Lingüística Contemporánea” de la Facultad de Filosofía y Letras de la BUAP, el destacado investigador del Colegio de México, quien es autor de más de 100 artículos especializados, ocho libros y cuatro diccionarios, afirmó que esta obra reivindica la lengua española.
“Nos presenta la lengua española tal como la usamos los mexicanos y posiblemente hay palabras que no gusten; se trata de una obra original, cuyo objetivo es contar con un diccionario integral del español basado en usos del mexicano descriptivo”.



“Si no tenemos un diccionario que nos recuerde lo que es importante para nuestra sociedad a lo largo de los siglos corremos el riesgo de perder esa memoria; un diccionario no es sólo un instrumento que enlista palabras, sino que es parte de la trama verbal que le da solidez a una sociedad”. El destacado escritor abundó que un diccionario es un depósito de la memoria social, ante lo limitado de la memoria personal que está condicionada al tiempo de vida.

Consideró que sería importante que cada uno de los países que hablan un mismo idioma tuviera un diccionario propio, en vez de uno central, lo que representaría una riqueza ilimitada de diversidad y experiencia.



Luis Fernando Lara, presentó a los estudiantes un análisis sobre el Diccionario de la Real Academia Española, desde su concepción en 1713, así como el trabajo que desarrolló para la realización del Diccionario del Español de México.


Previo a la presentación del autor, la académica del Colegio de Lingüística de la BUAP, Nicktelol Palacios destacó que esta obra presenta dos mil palabras gráficas, entresacadas aleatoriamente de distintos tipos de discursos orales y escritos, que se integraron al español mexicano contemporáneo.



Mencionó que para este estudio se utilizó un analizador gramatical del español y un sistema de análisis cuantitativo de datos, lo que permitió conocer el vocabulario fundamental del español de México.

“Además de ser ejemplo del trabajo lingüístico en México, esta obra es un modelo para realizar investigaciones de vocabularios regionales y de diccionarios monolingües de otras lenguas, que da origen a reflexiones y aportes teóricos y metodológicos. Se trata de una obra entrañable para los mexicanos”, concluyó.


El Director de la Facultad de Filosofía y Letras, Alejandro Palma Castro dio la bienvenida al autor, a quien agradeció sus aportes en la elaboración del mapa curricular de lingüística, así como a la formación paulatina de nuevos cuadros de investigadores

23 de marzo de 2011

Escritor recopila frases del argot, jergas y dialecto popular de México


Más de 2.800 frases de argot, jergas y dialecto popular se encuentran en el Útil y muy ameno vocabulario para entender a los mexicanos (Randomhouse Mondadori), un libro con el que cualquier hispanohablante o extranjero puede comprender el lenguaje mexicano, dijo a Efe su autor, Héctor Manjarrez.

Estas locuciones, que usan desde las damas de alta sociedad, presidentes y obispos hasta el hombre común de la calle, son enumeradas con sus respectivas explicaciones.

«Este es un lenguaje que surge en cada nación, como el lunfardo en Argentina, que se extiende y deja de ser una jerga de un grupo social específico y se generaliza a todo el país», explicó el autor.

En México, expresiones populares de expresidentes como no traigo cash (por no traigo efectivo), de Ernesto Zedillo, o el siento ñañaras (por escalofrío), de Vicente Fox, son una «perlas» que dejaron ambos exmandatarios.

En México surgió entre las clases más bajas el término ñero apócope de compañero y su lenguaje en su versión más light fue llevado al cine y a la televisión por los cómicos antiguos, aunque con la llegada de Vicente Fox al poder en el 2000 hubo un relajamiento en los medios y los cómicos y comediantes se soltaron la lengua.

Ahora términos como que onda wey, no chingues, está chido son términos que ha generalizado la televisión en la última década y se utilizan en todos los sectores sociales.

«La palabra 'chido' (muy bueno, magnífico) procede de 'chicho' y ésta a su vez de 'chiro', es una misma expresión que cambia con el tiempo... chido se usaba mucho en la década de los setenta, en los ochenta desapareció y en los noventa volvió a resurgir», explicó el escritor.

«Palabras que antes eran una vulgaridad pasaron a ser expresiones tiernas, como llamar 'tortita' a la novia, o llamar 'nalga' a la pareja, sea hombre o mujer», explicó.

Manjarrez insistió en que este lenguaje popular no es el argot de los delincuentes, quienes ya no hablan diferente a los demás, sino un lenguaje que hablan todos.

En México en los años sesenta con las novelas de José Agustín comenzó a popularizarse el lenguaje de los criminales y drogadictos, y se convirtió en moda.

Un término que ya trascendió las fronteras de México es güey que en internet se convirtió en wey, vocablo que viene de buey y pasó a güey ...y ahora es con w, como wey».

El término no manches es un eufemismo de no mames (no hagas o digas estupideces) y tiene derivados como no seas manchado (abusivo).

Manjarrez explicó que en su origen este libro tenía como propósito hacer una lista de chilanguismos (expresiones populares de la Ciudad de México), pero con la explosión del lenguaje y el uso de vulgarismos a nivel nacional la lista creció.

«Cuando llegó Santiago Creel, ministro de Gobernación de Fox, dejó que se soltaran las riendas a los cómicos de televisión, hubo un relajamiento inmediato y los cómicos dejaron de usar el lenguaje de Chespirito y cambiaron al 'ñero chilango' y se convirtió en patrimonio nacional», explicó.

Añadió que con la televisión todos los términos fueron legitimados y dejaron de ser un lenguaje prohibido u oculto que se decía en voz baja o entre gente de mucha confianza.

Publicado el 21/03/2011 en: FUNDEU-BBVA