2 de noviembre de 2007
Todo sobre su madre
Todas las madres o una sola, en todas las madres. Esta es la sensación que deja la lectura de este volumen, inédito en el ámbito literario, porque reúne a diversas generaciones de escritores, todos unificados en un largo periplo, donde el encuentro y el reencuentro con la figura materna adquiere diversos matices.Fijación, misterio de la ginecología, negación, recuerdos y arrebatos emocionales, son algunos de los sentimientos que desbordan estas narraciones en sus diversos estilos literarios, que van desde el costumbrismo hasta el realismo y las nuevas tendencias metatextuales.
José Joaquín Blanco, Álvaro Enrique, Vicente Leñero, Héctor de Mauleón, Fabrizio Mejía Madrid, Eduardo Antonio Parra, Martín Solares, Álvaro Uribe, Xavier Velasco y Heriberto Yépez participan en obra que trasciende más allá del Brindis del bohemio, de los festivales del 10 de mayo, de las palabras soeces y las diversas acepciones y alusiones a la palabra “madre”.
Con los autores uno se recrea nuevamente en el seno materno, así ocurre con el texto de Vicente Leñero donde evoca su infancia en las antiguas calles de la colonia Tacubaya y la impronta que su madre dejó en su memoria y en su corazón:
“Me dio leche no miel. Me dio pan, no golosinas. Me dio su presencia, no los latidos de su corazón. Yo lo lamento al recordar mi infancia, pero me doy cuenta de que crecí, llegué a la edad adulta y ahora a la vejez siendo un poco así, como ella”.
Por su parte, Héctor de Mauleón comparte con el lector una narración memorable, un cuento triste que se intuye autobiográfico. El relato es una suerte de eterna mudanza. Lo dice él mismo al inicio del texto: “Mi madre estará ahí con la vida acomodada dentro de unas cajas de huevo”.
Es una suerte de constante despedida, un ir o estar en el seno materno siempre, en todas partes, amoroso, conmovido, a veces desesperado.
Entrañables, en ocasiones ásperas o rigurosas, las madres aquí representadas también aparecen como una figura difícil de aprehender. Es entonces que el eco de la palabra resuena como un mito ancestral, que toca a algunos autores con su misterio.
Al respecto Heriberto Yépez escribe: “Cuando cuento tu historia cuento (más bien) la mía. Algo trágico me sucede contigo: te confundo con el pasado. Te confundo con la historia de ciudades. Empiezo hablando de ti y termino hablando de Tijuana. Madre te confundo con todas las urbes, confundo tu biografía con mitos de culturas desaparecidas”.
En esta suerte de perennidad también hay espacio para el humor. Fabrizio Mejía Madrid le pone al asunto un poco de sarcasmo, tras recordar las frases lapidarias de las progenitoras: “Todo se paga”, “me duele más a ti, que a mí”, “te vas acordar de mí”, “cuando tengas tus hijos me darás la razón”.
Lúdico, irreverente, testimonial, literario. Todo sobre su madre, es ¡un libro a toda madre!, un acierto editorial cuyo resultado es un concepto universal del comportamiento materno en las familias mexicanas, con el que todos nos identificaremos.
Lecturas de la Ciudad:
Paseos Literarios por el Centro Histórico de la Ciudad de México

Si hay una ciudad de México literaria por excelencia, es la del Centro Histórico, donde nacieron, vivieron, trabajaron o murieron algunos de nuestros más célebres escritores; zona donde estuvieron la antigua universidad y la imprenta, donde proliferaron las librerías, las academias y los lugares de reunión desde el siglo XVI hasta el presente.
Si hay quienes pueden guiarnos en esos recorridos con conocimientos de causa, son nada menos que los escritores e investigadores que han escrito sobre nuestro Centro Histórico: los cronistas Ángeles González Gamio y Alberto Barranco Chavarría; el arqueólogo Eduardo Matos Moctezuma; los escritores René Avilés Fabila, Gonzalo Celorio, Fernando Curiel, Vicente Quirarte y Jorge Legorreta.
Cada uno de los guías diseña un recorrido específico, dependiendo del tema, por los distintos sitios que han nutrido su relación con el Centro Histórico, para compartirlo con los paseantes de estas Lecturas de la ciudad. Aspectos generales Para cada paseo se formará un grupo mínimo de 8 personas y máximo 20. La cita es a las 9:45 y se iniciarán a las 10:00 de la mañana. (A excepción del de Alberto Barranco, quien citará a las 11:30 de la mañana). El punto de reunión será señalado previamente por el guía literario. Recomendaciones Los participantes en los paseos deberán ir con ropa y zapatos cómodos y ligeros de equipaje. Costo 300 pesos por paseo (50% de descuento a estudiantes, profesores y adultos mayores, con credencial vigente)
Informes y preinscripciones Coordinación Nacional de Literatura República de Brasil 37, Centro Histórico, Primer piso en el Departamento de Fomento a la Lectura; de 9:30 a 15.30 horas, de lunes a viernes. Teléfonos: 5526-0219 y 5526-0449.
28 de octubre de 2007
Calaveras 2007
FELIPE CALDERÓN
La huesuda -de hace rato-,
sin incurrir en perjurio,
de ilegítimo y espurio
calificó su mandato.
A puro spot insensato
desgobierna la nación
un chaco miope y pelón
de hablar ampuloso y parco
que dice combate al narco
de soldadito ficción.
CHENTE
Son asunto embarazoso
los latrocinios de Chente;
prometió ser diferente,
y fue rata y mentiroso.
Hoy su jacal es pomposo
-no es un ranchito arruinado-,
sus deudas las ha salvado,
tiene muchos "dineritos"
que bien podrían ser delitos,
según la parca ha juzgado.
BEATRIZ PAREDES
Se irá a una vida mejor
cuando de vuelta la rueca
cuando de vuelta la rueca
esta ilustre tlaxcalteca
de diámetro aterrador.
El averno, con amor,
la espera con devoción
para hacerla chicharrón,
carnitas, bistec, tocino,
chuletas de corte fino
y cien kilos de jamón.
ZHENLI YE GON
Un chinito mandarín
con costales de marmaja
decía ser hombre de paja
y pecaba de hablatín.
Destapó a este maladrín
tanta riqueza y destello;
cuando este cuento tan bello
apestó a pseudoefedrina
dijo la parca ladina:
"Aquí copelas o…¡¡cuello!!"
Y si más calaveras
quieres leer,
a este lugar tienes que ir.
La calavera de la UACM

Por rumbos de la UACM,
dicen que anda la muerte,
con gran cantidad de ganas
y con muy poco de suerte.
En las aulas de la UACM
son muy afortunados,
pues dicen que la muerte
les hace los mandados.
Al panteón de San Lorenzo,
a los maestros se llevaron
y a los chavos de la UACM,
sin estudios los dejaron.
Los estudiantes, descontentos,
con la huesuda se enojaron
y en la puerta de la UACM,
a patadas la sacaron.
dicen que anda la muerte,
con gran cantidad de ganas
y con muy poco de suerte.
En las aulas de la UACM
son muy afortunados,
pues dicen que la muerte
les hace los mandados.
Al panteón de San Lorenzo,
a los maestros se llevaron
y a los chavos de la UACM,
sin estudios los dejaron.
Los estudiantes, descontentos,
con la huesuda se enojaron
y en la puerta de la UACM,
a patadas la sacaron.
DIA DE MUERTOS

Mictlantecuhtli, "señor de la región de los muertos" y miembro del panteón nahua, es uno de los principales puntos de partida de la antiquísima tradición nahuatl consistente en la dualidad vida-muerte, principio fundamental que inspiraba a la cosmogonía y cosmovisión de aquel entonces. Las fiestas del mes de Tepeíhuitl y del mes de Quecholli, en las que se honraba a los ahogados o en los que se quemaban flechas y teas en los sepulcros, fueron los antecesores de lo que incluso en Yucatán bajo la influencia maya y durante la época independiente se denominó como el Uahil col, fiestas en las que los ascendientes se agasajaban en banquetes con sus difuntos descendientes.
Cuando alguien moría, tenía diversos destinos de acuerdo a distintos factores que podían atender a su propia condición o bien, a las circunstancias en las cuales pereció. Así, generalmente los muertos iban a Mitlan o lugar de los muertos; aquellos que morían ahogados iban al Tlalocan o lugar de Tlaloc; quienes morían en parto o batalla, tenían como destino la casa del sol, y para los adúlteros era Tezcatlipoca quien aguardaba.
Siglos de tradición han situado dos fechas fundamentales a tan arraigada costumbre, señalándose al 1º de noviembre como el día de Todos los Santos (o día de los angelitos) donde se recuerda a los niños finados. Y todos los que aún no lo son, no pierden tiempo al pedir su "calaverita". Es en el tránsito del día 1º al 2º cuando tiene lugar la fiesta de los Fieles Difuntos, donde es costumbre visitar los cementerios y honrar con comida y rezos a la memoria de aquellos fallecidos que tan sólo esa noche regresan a la tierra para compartir con los suyos la pan y la sal, ¿y por que no? alguna que otra golosina.
Las calaveras
Más allá del tzompantli o muro de las calaveras del glorioso México-Tenochtitlan, el cual representaba importantes eventos bélicos así como el sacrificio de jefes adversos al Imperio, encontramos en el México poscolonial una suerte de calaveras que dista "tan sólo un poco" de aquellos valetudinarios significados. Y es que hoy, en festivos versos llamados "calaveras" se encuentran los epitafios, que de manera graciosa e incluso pueril, nos hablan de los personajes vivos a quienes dichas composiciones están destinados con la intención de criticarlos, zaherirlos o simplemente reírnos de ellos.Claro, no podían dejar de recibir el nombre de "calaveras" aquellas creaciones de dulce que tras haberse disuelto el azúcar en agua y secado con posterioridad en moldes diseñados ad hoc, son finalmente engalanadas con azúcar coloreada y papel plateado, llevando honrosamente en frente el nombre del feliz comprador.
Para Querétaro, suelen existir dos altares más representativos, los cuales son elaborados por los otomíes, uno, y otro por los concheros. Este primero es hecho básicamente en las comunidades de Tolimán, Amealco, Pueblito y Santa María, el cual tiene rasgos muy particulares. La música que acompaña a estos festejos tiene sus raíces en la oralidad y son los alabanceros quienes se han encargado de que ésta perdure desde tiempos prehispánicos hasta nuestros días.
En específico, el altar otomí consiste en diversos elementos característicos: El altar se compone de siete escalones, forrados con tela negra, los cuales representan los siete pecados capitales. En un espacio anterior al altar, se coloca un camino de arena alumbrado con veladoras, por donde pasará el difunto. Al pie del altar se coloca un espejo con el cual se purificará el alma del muerto, mientras que un vaso de agua bendita calmará la sed de éste por el largo recorrido que haya realizado.
En su primer escalón, se coloca el santo de la devoción del occiso, el segundo es para las almas del purgatorio. El tercer escalón correspondía a la sal en favor de los niños que estuvieran en el limbo. En el cuarto se colocaba pan de muerto y vino elaborado por los familiares del muerto, en consagración. Al siguiente correspondían los alimentos preferidos del muerto, siguiendo en el sexto la fotografía del difunto. Finalizando en el séptimo con un rosario elaborado con limas y tejocotes, con su respectiva cruz. Por un lado del altar es colocada una olla de barro con hierbas aromáticas puestas a hervir tales como tomillo, mejorana, laurel, entre otras, la cual se tapa con una penca de nopal dejando salir el vapor por unos orificos hechos a la misma.
Se coloca una mesa con cuatro sillas donde se sientan tres parientes del muerto y el lugar adicional se destina para el propio difunto, al lado del altar.
20 de octubre de 2007
Nave-comando “Emperador” y otros cuentos de ciencia ficción
El próximo 25 de octubre en el Plantel San Lorenzo Tezonco Prolongación San Isidro 151, Col. San Lorenzo Tezonco, Del. Iztapalapa a las 18:00 ,aula C - 101, será la presentación de libros: Nave-comando “Emperador” y otros cuentos de ciencia ficción, de Janitzio Villamar y Cantos para Eliluna, de Armando Ortiz Valencia, Editorial Estigia, presentan los autores, Rosa María Esquivel y Martín Jiménez Serrano.18 de octubre de 2007
LECTURAS PARA EL FIN DE SEMANA
Cómo Pinocho aprendió a leer
Las otras sensualidades de las letras
por Pablo Doberti
por Pablo Doberti

La lectura es un reloj que se adelanta
por Enrique Vila-Matas
por Enrique Vila-Matas
LA LECTURA COMO FRACASO DEL SISTEMA EDUCATIVO
Gabriel Zaid analiza en este ensayo la última encuesta sobre los hábitos de lectura en México, cuyos resultados son descorazonadores por partida doble: porque revela el vasto océano de nuestra ignorancia y porque demuestra taxativamente cómo los nuevos universitarios no leen.
Leer por gusto es algo que se contagia, como todos los gustos, viendo a los entusiastas sumergidos en un libro, o escuchando el relato de sus aventuras. Tradicionalmente en México, muy pocos adquirían ese gusto en casa. Para la mayoría, el foco de contagio era la escuela: sus maestros, compañeros y amigos. Así como no abundaban los médicos hijos de médicos, pocos grandes lectores eran hijos de grandes lectores. Pero las aulas presagiaban que, en el futuro, se multiplicarían.
Desde hace un cuarto de siglo, el esfuerzo educativo ha sido intenso. Según el sexto informe del presidente Fox, México ocupa 1.7 millones de maestros en el ciclo escolar 2006-2007: más del doble que en 1980-1981. Desde entonces, la población escolar ha subido de 21.5 a 32.7 millones, en grupos más pequeños (19 alumnos por maestro, en vez de 29). También subió la escolaridad promedio de la población económicamente activa: de cinco a nueve años. El gasto en educación (casi todo público) subió del cinco al siete por ciento del PIB. Según la Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares (ENIGH), las familias dedicaban el dos por ciento de sus gastos a la educación en 1977 y el once por ciento en 2005: cinco veces más. Pero, según la Encuesta nacional de lectura del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, dos de cada tres entrevistados declaran leer lo mismo o menos que antes, a fines del 2005. Sólo el 30% declaró leer más. El 13% dice que jamás ha leído un libro. Y cuando se pregunta a los que no están en ese caso cuál fue el último libro que leyó, la mitad dice que no recuerda. El 40% dice que ahora lee menos. También un 40% dice que nunca ha estado en una librería. Dos años antes, en la Encuesta nacional de prácticas y consumo culturales, también de Conaculta, el 37% dijo que nunca había estado en una librería.
Al 40% que dijo leer menos se le preguntó a qué edad leía más. El 83% (del 40%) dijo que de los 6 a los 22 años, o sea la edad escolar. Si de los entrevistados se escoge a los que tienen de 23 a 45 años (o sea los beneficiarios del gran impulso educativo), los números empeoran. El 45% (en vez del 40%) declara leer menos, de los cuales casi todos (90% en vez de 83%) dicen que leían más cuando tenían de 6 a 22 años. Queda claro que leían libros de texto, y que no aprendieron a leer por gusto.
Los entrevistados que no leen dan varias explicaciones, la primera de las cuales (69%) es que no tienen tiempo. Pero el conjunto de los entrevistados considera que la gente no lee, en primer lugar, por falta de interés o flojera. Sólo el 9% dice que por falta de tiempo.
Los entrevistados que han hecho estudios universitarios o de posgrado dieron respuestas todavía más notables. Según la ENIGH 2004, hay 8.8 millones de mexicanos en esa situación privilegiada (incluye a los 2.8 millones de universitarios que no terminaron sus estudios). Pero el 18% (1.6 millones) dice que nunca ha ido a una librería; el 35% (3 millones), que no lee literatura en general; el 23% (2 millones), que no lee libros de ningún tipo; el 40% (3.5 millones), que no lee periódicos; el 48% (4.2 millones), que no lee revistas y el 7% (más de medio millón) que no lee nada: ni libros, ni periódicos, ni revistas. El 30% (2.6 millones) dice que no gasta en libros, el 16% (1.4 millones) que gasta menos de $300 al año. O sea que la mitad de los universitarios (cuatro millones) prácticamente no compra libros. (Estos números confirman y acentúan lo que encontró la encuesta nacional sobre la cultura en México, realizada por la Universidad de Colima a fines de 1993: el 22.1% de los entrevistados con licenciatura o más no había comprado libros en los últimos doce meses.) Sin embargo, el 66% dice que compra la mayor parte de los libros que lee. Como dice leer en promedio cinco libros al año, esto implica que compra tres. El 77% dice que tiene su propia biblioteca, pero en el 68% de estas bibliotecas personales hay menos de 50 libros. Y ésta es la crema y nata del país.
Según la encuesta, los mexicanos destinan casi el 2% del presupuesto familiar a la compra de libros: $220 pesos anuales La mayoría (55%) dice que no gasta ni un centavo, pero muchos estiman que gastan el cinco o el diez por ciento. La estimación está infladísima. Según la ENIGH 2004, el gasto corriente monetario en libros, revistas y periódicos fue el 0.4% del gasto familiar. Los libros representan cuando mucho la mitad, digamos 0.2%: diez veces menos que lo declarado en la encuesta.
Según la encuesta, los mexicanos de 12 años o más leen en promedio 2.9 libros al año: 45.7% comprados, 20.1% prestados por un amigo o un familiar, 17.9% regalados, 10.2% prestados por una biblioteca y 1.2% fotocopiados. Sumando los comprados y regalados (63.6%, o sea 1.8 ejemplares), se pueden calcular los ejemplares vendidos: 103.3 millones de habitantes en octubre del 2005 x 75.7% de 12 años o más x 2.9 libros al año x 63.6% vendidos = 144 millones de ejemplares vendidos en el país el año 2005, lo cual parece exagerado. En la ciudad de México (DF y zona metropolitana), según la encuesta, se leen 4.6 libros al año: 64.7% comprados, 16.5% prestados por un amigo o familiar, 10.2% regalados, 5.4% prestados por una biblioteca y 1% fotocopiados. Esto daría 18.5 millones de habitantes x 76% de 12 años o más x 4.6 libros al año por 74.9% comprados o regalados = 48 millones de ejemplares vendidos en la ciudad de México el año 2005, lo cual parece exagerado.
En la sección amarilla del directorio telefónico 2005 de la ciudad de México, había unas 325 librerías. Si se les atribuye la venta de 48 millones de ejemplares, vendieron 150,000 ejemplares cada una, que es altísimo. Las 75 librerías de Educal, cuyo tamaño es superior al promedio, tenían como meta para el año 2004 vender 75,000 libros y artículos culturales en promedio.
Y si la cifra de 48 millones de ejemplares para la ciudad de México es exagerada, la cifra nacional (144 millones) es una exageración mayor, porque implica que la ciudad de México no representa más que el 33% del país. Para muchos editores, representa el 80%. Pero suponiendo, conservadoramente, que sea el 50%, el total nacional daría el doble de la cifra (exagerada) de la ciudad de México: 96 millones, un ejemplar por habitante.
Según Fernando Peñalosa (The Mexican book industry, 1957), había 150 librerías en el directorio telefónico de la ciudad de México de 1952. Si en el directorio de 2005 hay el doble (325), pero la población se ha sextuplicado (de 3.3 a 18.5 millones), en 53 años el número de librerías por millón de habitantes se ha reducido de 45 a 18. Otro indicador: desde 1950 (en todo el país, en todos los niveles) el número de maestros se ha multiplicado casi por veinte (Estadísticas históricas de México). Sin embargo, el número de lectores (a juzgar por el número de librerías de la ciudad de México), apenas se ha duplicado.
Un aspecto interesante de la encuesta es que muestra claramente que el interés (o desinterés) de los padres en la lectura se reproduce en los hijos. Habría que medir esto, no sólo en los hogares, sino en las escuelas y universidades. Una encuesta centrada en el mundo escolar, seguramente mostraría que los maestros no leen, y que su falta de interés se reproduce en los alumnos, por lo cual multiplicar el gasto en escuelas y universidades sirvió para multiplicar a los graduados que no leen.
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